Por: Luis Mendoza Silva

Cronista de Boconoito (Ven)

Para nadie es un secreto el intenso bombardeo cultural foráneo del que hemos sido víctimas, los habitantes aún de las regiones más apartadas del continente, el cual ha impactado negativamente generaciones enteras, según nuestra percepción, pues, minuto a minuto sobre todo por los grandes medios transnacionales de la comunicación, en una competencia desleal con la escuela y nuestros maestros, impulsan a trocha y mocha una transculturización global que ha servido para desarticular todo ese sistema de identidades lingüísticas y vivenciales, que habíamos acumulado ancestralmente.

En estos momentos de la historia, donde a decir verdad queda muy poco de esa cultura realmente autóctona, visualizamos que si finalmente no hacemos esfuerzos intelectuales, socio pedagógicos y de concientización, desde el seno de nuestras comunidades, muy pronto quedarían hecho trizas esas evidencias de nuestros símbolos y/o valores identitarios, puesto que la globalización según Liborio De la Torre “…nos desdibujaría del mapa cultural…”.

Pero, en esta oportunidad queremos referirnos exactamente a la poesía tradicional que se escribe en los llanos, esa que parafraseando a Germán Pinto Saavedra, es parte fundamental de nuestra existencia y resistencia cultural y, es que según el mismo Pinto Saavedra: “La poesía popular de los llanos, es una manera de filosofar desde una condición analfabética, con la cual nuestra cultura ha resistido siglos de imposiciones y aún se mantiene intacta”. Nosotros, que nos hemos dedicado por años a revisar las más clásicas estructuras del romance, la glosa, el soneto y otras formas practicadas en los llanos de Colombia y Venezuela, así lo hemos detectado, pues, esta poesía es un signo muy fiel de nuestra identidad como región, por tanto, nos oponemos rotundamente a las influencias foráneas, esnobistas, llamadas o disfrazadas de vanguardistas.

En este sentido, consideramos trascendental reconocer la poesía tradicional de los llanos, como herencia de los más altos creadores de todos los tiempos, esos que pincelaron el paisaje y la realidad regional como una manera elegante de expresar el amor por su lar, aunque nos tilden de chabacanos e impuros y falta de universalidad.

Estamos claros, que si aceptamos mansamente, tales epítetos estaríamos negando la profundidad de los más altos creadores castellanos y, por ende nuestros antecesores, poetas de la tierra, esos que su jornada diaria la desarrollaron o desarrollan cantando, como por ejemplo; sabanear, navegar, cabalgar, pilar y ordeñar entre otras tareas, e incluso hasta las guerras de aquellos tiempos,  llevaban un canto impreso en sus filas.

Hablar de poesía regional, es estar consustanciado con el hecho, es decir, conocer el espacio y su gente desde las entrañas, he ahí el hombre y sus circunstancias. Por ejemplo, Alberto Arvelo Torrealba nuestro máximo poeta llanero, recorría distancias, sabanas, ríos y se solazaba hablando con los hombres y el silencio rumorosos de las aguas, para luego mostrarle al mundo en formas clásicas la magnificencia de esa realidad tan nuestra, que es el llano en todo su esplendor.

Otros han escrito en el fragor de la guerra, y por ende su poesía son arengas y llamados a la conciencia popular. Los que han escrito en medio de las llamaradas del amor, tienen la virtud de estar desquiciados siempre y, gozan fácilmente de nuestra comprensión, pues, todos hemos estado locos de amor alguna vez.

Algunos tienen sus excentricidades, el mismo Arvelo Torrealba, cuentan las viejas crónicas, que en las noches más oscuras se iba detrás de los misterios, y en apartados parajes atrapaba cucullos, los introducía en frascos de vidrio, regresaba a la casa y los liberaba en su cuarto de dormitorio, para sentarse a observar el espectáculo que éstos producían con sus luces e intermitencias, sobre lo cual reflexionaba, que era para iluminar su existencia.

Y, precisamente nuestro anhelo en estos tiempos, es que la poesía siga siendo auténticamente pura, con sus distintas formas, expresiones y/o bemoles, sobre todo en esta región del canto o de los cantos, arpegio y lira que pulsada por los dioses de las recónditas soledades, no cese en la construcción de eternidades, para poder seguir cumpliendo nuestro destino de mofador de vientos y, diciendo con los eternos juglares de la sabana: “Mi llano es un paraíso/ no hay otra tierra mejor/, mi llano es como una flor/donde tengo yo mi amor/ ”. (A. B).

*Fragmento de ponencia presentada, en el III Encuentro de Poetas, realizado el 16 de diciembre en la Trinidad de Orichuna.