Junta Directiva Asociación Avenida Ciudad de Arauca ©Juan José Niño

«Llego la cita más noble, que un araucano no aplaza, pa’ darle un abrazo fuerte a todas sus raíces natas, gritar a todo pulmón, los valores de su raza, bailar un joropo alegre, con arpa, cuatro y maracas, tomarse un palo de miche, con compañeros de infancia, recordando tiempos viejos, que nos llenan de añoranzas».

Invitación muy especial a la comunidad en general a celebrar el sentimiento colectivo de ser llanero.
Participemos activamente de la novena a nuestra Patrona Santa Bárbara.
Afiche alusivo al Día de la Araucanidad Versión 2020 Diseño: ©Juan José Niño O.
El sentido principal de nuestra celebración es netamente cultural y por 25 años fecha en se creo la Asociación Avenida Ciudad de Arauca Entidad sin Animo de Lucro creada por ordenanza 003 y expedida por la Asamblea Departamental lo declaró Día Institucional con el fin de celebrar el gentilicio de los araucanos raizales y en honor a nuestra Patrona de la ciudad de Arauca Santa Bárbara.
Dentro de las infinitas labores culturales hemos rescatado una danza que se encontraba en el olvido como lo es El Paloteo, una expresión histórica con siglos de trascendencia gracias al grupo Vigías del Patrimonio Cultural conformado por miembros de la Asociación Avenida Ciudad de Arauca.
Por nuestras dos tarimas han desfilado centenares de artistas locales y de otras regiones llaneras, nos han visitado diferentes delegaciones de muestras culturales del Meta, Casanare y regiones del interior de país quienes han valorado nuestra gran fecha como una gran vitrina cultural digna de reconocer y divulgar en sus regiones.
Hemos apoyado la tradición culinaria de nuestras matronas araucanas con sus muestras gastronómicas y la generación de empleo para familias araucanas con la venta de sus productos entre artesanías, souvenirs y bebidas hidratantes.
Rechazamos las aseveraciones tendenciosas de algunos medios de comunicación que en su afán de mal informar entran en el lamentable mal uso de tan digna profesión periodística.
El llanero por tradición celebra y es en esta precisa fecha el pretexto sano para darle un abrazo fuerte a todas sus raíces natas.
Queremos agradecer a las empresas privadas y publicas que identificadas con nuestra loable labor han puesto su granito de arena para salir avantes una vez mas.
Seguiremos trabajando arduamente por el rescate, respeto y divulgación de las tradiciones llaneras proyectándonos durante todo el año en la preparación de la próxima versión 2019 del Día de la Araucanidad.
Cordialmente,
ASOCIACIÓN AVENIDA CIUDAD DE ARAUCA

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Adjuntamos este gran escrito que publicamos en nuestra edición #9

Por: Carmen Ramona Martínez Arteaga

Escritora, poetisa, compositora y araucana

La araucanidad, como la llaneridad, es sentimiento nacido del contacto con los elementos y del conocimiento de sus valores; el contacto aquerencia y el conocimiento afirma.

Quienes han nacido y crecido en la inmensa casa de cielo azul y piso de sabana verde sin cercas ni fronteras, con abrigo de techo de palma, arrullos de cantos de paujíes, chiricocas, chenchenas, alcaravanes, paraulatas, jilgueros y otras aves canoras, los bramidos de las vacas en el corral junto al acompasado chis chas del chorro de leche en la camaza, los relinchos de los caballos en el potrero, y han visto la manada de reses guiada por el cabrestero bajo la musical tonada de su canto, han viajado en canoa con patrón y marinero, han escuchado el rasgueo del cuatro acompañando el aire de un pasaje o el tañío de un pajarillo, y han presenciado las tardes de coleo de este territorio, no necesitan que les enseñen araucanidad o llaneridad.

Presentación del Paloteo Día de la Araucanidad ©Juan José Niño

Pero hay personas que nacieron en Arauca y no han disfrutado de la vida del pueblo y la sabana en sus años infantiles y juveniles, tampoco han recibido en sus hogares y escuelas la información histórica y cultural respectiva, y por eso no sienten la araucanidad ni conocen la llaneridad. Muchos no saben que allá por los tiempos de los años 20’s a los 50’s, inclusive  antes y después, vivían familias en la sabana sembrando araucanidad con la conducta, el trabajo, la copla, la música, los cuentos, los mitos y las leyendas. No sabemos por qué los historiadores generalmente mencionan como  raizales araucanos solo algunas familias de los sitios urbanos y se olvidan de las que hicieron vida, patria y cultura en los campos.

Cabalgata Día de la Araucanidad ©Juan José Niño

Recordamos familias que habitaban por los alrededores de La Erica y  su gran raudal y  eran vecinas del hato “Jurapal”, de José Fernando Martínez y su esposa Ramona Arteaga. Ahí estaban: “La Tigra”,  de Ángel María Carvajal y su esposa Amelia Cisneros. “Las Piñas”, de Vidal Cisneros y su esposa Genoveva Galindo. “Lechemiel” de Santiago Quenza y su esposa Margarita. Muy cerca se hallaba la hacienda “El Artiaguero”, de Rafael Arteaga y su esposa Rosa Aragoza, quienes acostumbraban hacer grandes fiestas tocadas con bandolín y cuatro al clausurar las moliendas de caña, ya que tenían músicos propios que eran los amos de casa, padre e hijo. En aquella época, en el llano se le llamaba hacienda a la fundación donde la actividad principal era la agricultura y el procesamiento de sus productos, como la molienda de caña y la fabricación de la panela, el melado, y otros; fundación o fundo era donde se desarrollaba la quesera, había caballos y ganado en número hasta mil reses, y hato era un predio extenso con un número de mil reses en adelante.

Por esos lados se hallaban hatos y fundos de los Parales. Por allí mismo estaba el fundo “El Guamo” de Juan de la Cruz Cisneros y Anita Martínez, hogar donde se formaron diestros llaneros y hermosas mujeres. Cercano al hato “Campoalegre” se fundaron Santos Parales y Célida Cisneros, y también se encontraban por allí los hatos “El Porvenir” “El Diamante”,  “Las Matajeas”, “Mateyagua”, “La Maporita”, “La Argentina”, “Los Angelitos”, igualmente el hato “Maporillal” y otros cuyos nombres se escapan.

Pero no se borran nombres y rostros de algunos amos de esos legendarios hatos, entre ellos: Cipriano Parales, cabeza de una numerosa familia que ha trascendido. Santiago Qüenza, jefe de una familia  grande y progresista. Tomás Jara y su esposa Mariana Cisneros, con abundante descendencia. Nereo Guerrero y su esposa Beatriz. La familia Galindo Ortíz con sus hatos y descendencia sembraron araucanidad. Julio Barrios, Próspero Cisneros, Isaías Bello, igualmente vivieron y trabajaron en sus hatos, desarrollando labores de llano. Arturo Lamuño también se fundó por ahí; fue el primer ejecutante del arpa en la región. Un poco más cerca de Cravo Norte, el hato “El Caraño” de Pedro Jesús Garcés y su esposa, cuyo hogar procreó varios hijos; por esos lados se hallaba también el hato “Caño Rico” de Carlos Bona. Más allá estaban los  fundos de los Hidalgo y los Castillo, y por las cercanías de Puerto Rondón, los Pérez y los Gutiérrez con sus hatos y fundaciones. En Tame y sus cercanías, los Granados, Sarmiento, Tocarías, entre otros araucanos naturales o por adopción que fueron artífices de la ganadería, la mayor fuente de la economía regional antes del petróleo. Probablemente aún existe la mayoría de esos hatos, seguramente ya no tienen cinco mil o diez mil reses como las tenían antes de la explotación petrolera. Algunos de esos grandes criaderos de ganado y las casas de palma y paredes de barro empañetadas con bosta, con inmensos corredores y corrales de “guafa” o de “palo a pique”, ahora tal vez son solo sitios de referencia donde un frondoso árbol bicentenario se mantiene erguido como guardando la altivez y la dignidad de los antiguos moradores del lugar.

Eso sí, quienes amamos la tierra que nos pertenece y a la cual le pertenecemos aunque trajinemos en otras latitudes, caminamos, trabajamos y hacemos nuestras obras llevando siempre en nuestra voz y actitud el pregón de su existencia y sus valores, los escenarios que fueron marcadores de un futuro que se hizo presente con las huellas del pasado, nostálgicas reminiscencias vigorizadas cada vez que llegamos al amado pueblo a solazarnos con la belleza de sus paisajes, y a soñar con la extraordinaria felicidad  de aquellos tiempos… cuando los pueblos del llano eran llaneros y la araucanidad era sentida y manifiesta con hechos.

Esta breve reseña histórica de la sabana y algunos nombres de tácitos hacedores de araucanidad, recoge elementos y procesos guardados en mi  memoria a la escasa edad que tenía cuando en Arauca los únicos carros que había eran dos camiones. En el de Antonio Ávila nos mudamos del hato “Jurapal” para el fundo “Santa Fe”, bonita casona con tierras agrícolas y ganaderas, ubicada en la bifurcación donde se unen los ríos Cravo y Casanare a corta distancia de Cravo Norte, folclórico pueblo de gente trabajadora y cultivadora de valores, donde di los primeros pasos hacia las calidades de poetisa, compositora y escritora.