Las costumbres van cambiando, y cada día nuevas tecnologías inundan nuestra cotidianidad, relegando al olvido profesiones y oficios que en antaño fueron esenciales.

Quizás el desarraigo por lo local, donde personajes no tan anónimos para el colectivo de una comunidad pasan algunas veces desapercibidos ante las miradas excluyentes e indiferentes los cuales deben ser reconocidos y de viva voz difundidos por su gran aporte a formar sociedad desde sus empíricas artes y oficios.

En este artículo, intentaré recordar este oficio, para mantener en el recuerdo que alguna vez fue imprescindible aun negándose a desaparecer.

Retomo el eje central de mi escrito para reconocer en esta dupla de hermanos que hace 47 años decidieron fomentar su propio negocio de venta de barquillas en la vetusta y polvorienta Arauca del ayer, que aunque sin todas las bondades de la Arauca de hoy que muchos añoran y rememoran como “los años dorados maravillosos”, se era feliz con muy poco, pero grandes en compartir ejerciendo gala de los preceptos del buen ciudadano.

Me refiero a los hermanos Edgar Enrique y José Darío Molavoque Eslava, araucanos de nacimiento hijos de padres araucanos, doña María Teresa del Rosario Eslava (q.e.p.d), nacida en los bajos de las Playitas sitio aledaño al río Arauca y don José Nicasio Molavoque natural del Municipio llanero de Puerto Rondón.

 

Corría el año de 1971 cuando un comerciante proveniente de la ciudad de Bogotá visitó estas tierras llanas con el ánimo de comercializar dos máquinas productoras de barquillas Marca COLDMAN que estaban siendo lanzadas al mercado por la feria industrial de Bogotá con la tecnología de punta de la época y la mano de obra colombiana.

Fueron 7 años que Edgar Enrique trabajo para este señor quien como pago a su denodado trabajo le heredó la máquina que ha sido su sustento hasta nuestros días. De esta máquina narra José Darío sus ganancias han dejado para adquirir y mejorar 4 casas y el sustento de la familia Molavoque Eslava por muchos años.

Que araucano(a) no ha probado las deliciosas barquillas que por décadas saborearon generaciones enteras en aquellas melancólicas noches de retreta al son de los instrumentos de viento interpretados por el maestro Avila, y su corte de músicos que daban ese aire pueblerino  de fiesta inaplazables en la concha acústica y tardes de coleo por la carrera 21 bajo los soles caniculares de agosto tiempo estipulado para las fiestas patronales en la comarca araucana.

En un principio su lugar de ventas fue bajo las sombras del viejo y otoñal mamón del parque principal Simón Bolívar y años después en los cimientos de la recién restaurada Catedral Santa Bárbara de Arauca, contiguo al busto del Sacerdote José Cirilo Villanea y a la Escuela Normal Superior María Inmaculada donde infantes, jóvenes y adultos disfrutaron este manjar que cuenta la historia fue de fuerte tradición a lo largo del siglo XIX y se mantuvo a principios del siglo XX y de gran auge en Venezuela, Panamá y Colombia.

Allí en este lugar era muy característico ver a los hermanos Molavoque Eslava con su fina presencia y menuda estatura vender las barquillas, que me narran empezaron costando $1 peso colombiano y que en esa época la bonanza y las divisas que reinaban en Arauca eran los Bolívares de la hermana República de Venezuela donde su valor ascendía a 27 pesos.

Allí perduran 34 años con la anuencia de la Parroquia y la Legión de Hermanas Vicentinas, donde por razones que aún no se explican un mandatario transitorio los insto a desalojar aquel sitio por razones de estética y armonía con la nueva fachada del claustro educativo.

En Edgar y José es de admirar su espíritu de constancia y deseo de progreso. Han leído infinidad de libros, además de ver la transición de Arauca en sus ámbitos de memoria histórica, mientras sus clientes a bordo de carros, motos, bicicletas y de a pie cual romería estacionan en su lugar de residencia ubicada en la carrera 22 entre calles 14 y 15 Barrio Santa Teresita, para degustar las ricas Barquillas de la “Normal”.

Desde ya preparan lo que será el cumpleaños del negocio y de la vieja máquina quien en el año 2021 cumplirá 50 años de funcionamiento y que celebraran por lo alto como moraleja de que el trabajo en equipo acompañado de constancia y sacrificio genera frutos dulces.