Por: HÉCTOR PUBLIO PÉREZ ANGEL

Historiador – Yopal Casanare

publiop@hotmail.com

Por Cualquier perspectiva que se quiera mirar el municipio de Támara, se le encuentran privilegios innatos de toda naturaleza. Empezando por sus 1156 metros de altura sobre el nivel del mar que le da un clima primaveral, prodigándole unas tierras feraces para una variedad de productos agrícolas, especialmente para el producto herencia de las comunidades religiosas: el café. Siendo su aroma la más suave y agradable de todos los cafés colombianos y se afirma, del mundo.

Geográficamente está ubicado en las estribaciones de la cordillera oriental. Su suelo en tres niveles topográficos ofrece tres pisos térmicos: cálido, medio y frío, siguiendo las condiciones de la superficie. Cruzan por sus montañas los ríos: Pauto y Ariporo, las quebradas Bayagua, Honda, Ariporitos, y la Picacha.

Sus pobladores precolombinos fueron los indígenas támaras integrantes de la familia Uwa, ubicados en el resguardo de Barronegro-Chaparral asentados en la intersección de Sácama, Támara, Hato Corozal y Paz de Ariporo.

Los indios Támaras y Tunebos, la habitaban antes de la llegada de los Jesuitas. Fundada por el Padre jesuita JOSÉ DADEY el 6 de agosto de 1628. Quienes le dieron una estructura profesamente religiosa junto a una estructura arquitectónica colonial. El valor religioso y de fe católica lo sigue manteniendo; sin embargo su estructura arquitectónica aunque aún es visible, se ha visto amenazada por construcciones de corte un tanto modernas.

 El casco urbano está ubicado en medio de tres cerros, el Piojo, San Antonio y Santa Bárbara; los padres jesuitas fundaron esta población en honor a la Santísima Trinidad. Se dice que el haber fundado a Támara en tan lejanas e inhóspitas tierras, se debió al clima tan favorable para introducir los cultivos de algodón, cacao y café.

Este municipio fue corregimiento a finales del siglo XVII y a finales del siglo XVIII capital de la Provincia de los Llanos, comprendida por Pore, Nunchía y Labranzagrande. En 1953 la población fue constituida como Municipio, llegando a ser el centro de la zona, porque tenía Notaria, cárcel y oficina de registro y control; era sede del Vicariato y gozaba de los mejores Colegios y del Seminario Menor de San José. Fue casa de Obispos hasta 1980. El 17 de julio de 1893 el Papa León XIII, la erigía como sede y fue su primer obispo San Ezequiel Moreno y Díaz, canonizado recientemente por su Santidad Juan Pablo II. Támara es Católica por excelencia; ha sido asistida desde 1620 por católicos, primero por Jesuitas; luego por los Padres Agustinos Recoletos y hasta nuestros días por los sacerdotes Seculares del Vicariato.

 Respecto a sus actividades económicas en 1953 empezó a funcionar la Caja Agraria, fundada por el señor Jorge Escobar Motta, con el fin de apoyar al campesino con sus cultivos y cosechas. Luego en 1977 se legalizo la creación de la Cooperativa de Caficultores de Tamara, constituida para comprar a los campesinos las cargas de café al mismo precio que la Federación en Bogotá.

Como no había moneda corriente para circular entre los campesinos por que el peso físico de la moneda y la ausencia de vías adecuadas para el transporte, hacía difícil y peligroso cargar con dinero, se intentó con vales que equivalían al valor adecuado y podían ser cambiados por artículos de primera necesidad por los campesinos; es así como Jorge González el promotor de la Cooperativa propuso crear un bono o billete exclusivo para Támara, comúnmente denominado “el billete cafetero de la República Independiente de Támara”. El Banco de la República dio vía libre a la idea y así empezó a circular el bono o billete cafetero.

Cuando los tamareños debían salir de la población solo cambiaban los bonos por moneda oficial en la oficina de la Cooperativa. En un principio el bono era en blanco y negro, pero después pasaron a un diseño en color, en denominaciones de uno, dos, cinco, diez y veinte pesos. El billete dejó de circular en 1993, por resolución del Banco de la República, porque una moneda alterna a la oficial, resulta contraproducente para la economía, ya que cabía la posibilidad que el bono cafetero de Támara llegara a valer más que el peso.

Hasta la década de los ochenta, el acceso a Támara era a través de caminos de herradura y un carreteable que funcionaba solo en verano para viajar de Yopal a Támara; se utilizaba vía aérea hasta la vereda el Tablón (dista del casco urbano cuatro horas aproximadamente) y de allí a la población a pie. En 1989 se culminó el carreteable y se construyeron varios puentes sobre el río Tocaría y Pauto. Los pobladores debían salir a lomo de mula o a pie durante unas cuatro horas de camino hasta el Tablón, sitio donde las Aerolíneas como la Urraca y más tarde la Satena, Taboy los recogía en aviones DC-3 o avionetas pequeñas para llevarlos hasta Yopal.

Los primeros carros llegaron a Támara en 1977, se trataba de un buldócer y una camioneta de Ramiro Becerra. El bus de servicio público llegó al Municipio cobrando un pasaje de un ($1) peso. El telégrafo funcionó hasta 1993, con su clave morse desplazada por los modernos equipos de Telecom que llegaron con el fluido eléctrico permanente al ser interconectado a la red nacional.

Se cree que existió a comienzos del siglo XX una moderna imprenta que editaba en Támara una revista católica llamada El Propagador, y luego el periódico Misionemos, ambos editados por la iglesia cuando Támara formaba parte de Boyacá, cuyo fin era propagar la fe; El Propagador se mantuvo entre las seis y las ocho páginas. Sus números hablan de la historia de Támara en un periodo que abarcó, 28 años de vida, se leyeron los últimos en 1948. En cuanto a Misionemos, se publicó por primera vez, 19 años después de su antecesor; escrito a máquina. Sus artículos giraban en torno a las dificultades por las que atravesaba Támara, y entorno a la figura del Vicariato. Su duración en Támara, luego se editó en Yopal.

Estos son apenas algunos referentes que parecen un inventario de la rica y variada vida histórica de Támara. Llamo la atención a sus dirigentes gubernamentales y culturales, para hacer conocer con mayor énfasis esta riqueza que se constituye en Patrimonio cultural no solo de los casanareños sino del país entero. Pues es una forma de generar sentido de pertenencia, arraigo por la tierra o lo que llamamos identidad de los pueblos.

BIBLIOGRAFÍA. Se han usado referencias de escritos sueltos recopilados en la misma población de Támara